Yo, robot. Resumen.

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«Yo, robot» es un clásico de las novelas de ciencia ficción. Resumen

«Yo, robot» es un clásico de las novelas de ciencia ficción. Una obra de Isaac Asimov publicada en 1950, cuando la inteligencia artificial y la digitalización del mundo estaba en pañales. De ahí la gran repercusión que ha tenido y todavía tiene.

Esta novela cuenta con siete relatos sobre robots en la que se evidencia la relación de las máquinas con el ser humano.

Antes de entrar en materia Asimov relaciona las tres leyes de la robótica:

Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera ley.

Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda Leyes.

Isaac Asimov.

Yo robot resumen

Los relatos están relacionados entre por un mismo personaje: Susan Calvin, que aparece como experta en robopsicología narrando de forma biográfica cada caso.

En «Yo,robot» podremos encontrar máquinas que leen el pensamiento, algunos con sentido del humor, o robots que se vuelven locos, robots de acompañamiento, trabajadores para la explotación de minas de otros planetas o robots políticos.

Durante la narración Asimov especulará en cada una de las situaciones teniendo en cuenta siempre las tres Leyes.

¿Puede una máquina suplir el cariño de un amigo o un familiar?

Es algo inquietante. 

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¿Puede el ser humano crear algo que supere sus propias aptitudes? 

La respuesta es, evidentemente, afirmativa, pero cuando nos encontramos frente a los sentimientos, la competencia se nos hace más arrebatadora, no aceptamos de buen grado que un robot sea mejor en estos asuntos.

En «Robbie», el primer relato de «Yo, robot», reparamos en este conflicto a la perfección.

¿Qué padres podrían asumir que el mejor amigo de su hija fuera un robot?

¿Realmente el ser humano está preparado para este desafío?

Asimov recreaba sus argumentos en una época cercana a la actual, sin duda debía pensar que en 2021 la humanidad ya habría desarrollado colonias de robots que formaban parte de nuestra sociedad; pero este progreso no se ha dado.

Los inconvenientes están más asociados a la preeminencia de nuestra especie que a los problemas técnicos para la creación de un elemento que pueda discutir nuestra supremacía.

En el relato «Un conflicto evitable», nos encontramos ante un mundo gobernado por máquinas bajo los parámetros de las tres leyes con los datos que los propios humanos les facilitan para que ellos tomen las decisiones oportunas. Todo ello en una época post atómica.

Porque, admitámoslo, un robot puede razonar. Una vez se imprimen las tres Leyes en su cerebro positrónico la toma de decisiones es el resultado final de la ecuación.

Ahora bien, ¿puede un robot mentir si con ello consigue un resultado más satisfactorio para las personas?

Esta cuestión se aborda en el relato «La evidencia»: un robot se presenta a la candidatura de alcalde solo con buenas intenciones, sin transgredir ninguna de las tres leyes. 

¿Es esto asumible, o por el contrario no es ético darle a una máquina dichas atribuciones?

Juzguen ustedes mismos. La clase politica humana suele violar muchas más leyes que las de tres que se citan en el tratado de robótica de Asimov.

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¿Puede un robot, tomar el mando sobre el ser que lo creó con la finalidad de mejorar la sociedad?

Y si es así: ¿podría gobernar el mundo desde una perspectiva pacífica, siempre atendiendo a las tres leyes que su progenitor le dio y que él mismo incumple?

Me temo que la respuesta es afirmativa. ¿O tal vez deberíamos darnos otra oportunidad ante la posibilidad de nuestra extinción?

Sobre la inteligencia artificial se ha escrito largo y tendido, tanto en temas económicos de gobierno y sentimentales.

No hace mucho leí «Klara y el sol» de Kazuo Ishiguro en la  se expone la relación entre el humano y el robot desde el punto de vista de la inteligencia artificial como ente pensante en primera persona que atiende y aprende del ser humano.

La película «Yo, robot» de Will Smith es un ejemplo de ello, pero hay multitud de ejemplos: series de televisión, cómics, libros; todos ellos desde una perspectiva digamos humana, donde el robot siempre comete algún error al no poder valorar la vida desde un punto de vista que el propio ser humano no ha impreso en su cerebro positónico.

Pero la cuestión clave es:

¿Puede el hombre admitir que la creación es mejor que el creador?


En mi blog comento otras novelas de ciencia ficción.


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