Cita con Rama.

Arthur C. Clarke.

Desde tiempos inmemoriales el hombre siempre ha buscado una explicación a su existencia. La religión lo fue durante siglos, pero los argumentos que sostienen sus postulados decaen año tras año.

El planeta Tierra comienza a ser viejo y sus habitantes algo habilidosos. El hombre ha evolucionado y la ciencia señala determinados caminos que nada tienen que ver con los profetas o los dioses. 

Y aun creyendo en estas deidades nada indica que el ser humano sea la génesis de las especies, y si lo fuéramos, podríamos pensar que hemos perdido el contacto con nuestros creadores.

«Cita con Rama» nos presenta estas cuestiones en un futuro que aún no se ha dado, pues el hombre ha conquistado varios planetas del sistema solar. 

Nos encontramos ante una novela de ciencia ficción basada en la premisa de que nuestra evolución, aunque lenta y sostenida, será mayor de la que conocemos hoy en día.

Arthur C. Clarke escribió esta novela en el año 1972. Cita con Rama fue galardonada con el premio Nebula, Locus, Hugo y John W. Campbell Memorial.

Supongamos que un objeto no identificado entra en nuestro sistema solar.

¿Qué hacer ante un elemento externo que el ser humano no entiende y que se aproxima a nuestro planeta?

La respuesta parece evidente. El hombre siempre actúa de la misma manera ante lo que no comprende, sea un profeta o un extraterrestre: de una forma reaccionaria.

El asteroide es bautizado como Rama en honor al dios hindú. Se trata de un objeto cilíndrico de 50 km de largo y 10 de radio que tiene un movimiento de rotación muy rápido.

La novela versa sobre la exploración de un equipo de investigadores en su interior. Durante su periplo hallarán ciudades, mares, vientos huracanados, y robots extraños; todo con un cierto sentido bajo unas condiciones de gravedad cambiantes donde deberemos estar atentos al efecto Doopler o al movimiento Colioris.

Rama es un mundo autónomo, singular y desconocido para el ser humano, lo más inquietante es que posee su propio sentido de existencia. 

La tripulación sabe que los acontecimientos que se suceden dentro de Rama tienen sentido.

Durante la investigación, dentro del gran cilindro, ocurren fenómenos explicables por la naturaleza. El comandante Norton y sus compañeros tratarán en todo momento de construir una razonamiento plausible sobre los hechos. Construirán pequeñas naves para el desplazamiento en el interior de una gran cueva con vida propia.

Existen señales que indican que una inteligencia superior ha diseñado el artefacto como las  tres escotillas de apertura manual, totalmente iguales y dispuestas simétricamente sobre el círculo, tres valles que resultan ser grandes proyectores de luz alargados que se encienden lentamente para iluminar el interior o las prendas de vestir con una simetría triple que evoca a un ser con tres extremidades superiores.

Los seres humanos son los conquistadores de los planetas del sistema solar; terrícolas o mercurianos siguen siendo egoístas, precavidos y violentos ante cualquier agente externo.

«Cita con Rama» deja un final abierto que me gustó ya que representa una inteligencia ajena al hombre, con un destino propio al margen de nuestra existencia.


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El fin de la infancia. Arthur C. Clarke.

Cuando me hablaron del argumento de «El fin de la infancia» sentí ese vértigo que me suele embargar: una especie extraterrestre más inteligente que el ser humano.

Pensé que el argumento podría parecerse al de mi novela: «Serendipias», y lo que menos quiere un escritor es crear historias que ya se hayan escrito.

No siendo así, paso a comentar lo que discerní en «El fin de la infancia», pero antes de nada seamos conscientes de que esta novela se publicó en 1953 lo que le confiere un gran valor pues en ella se presentan asuntos válidos en nuestros días.

La idea de que los seres humanos seamos una especie inferior no suele ser agradable, aunque si te paras a pensarlo, es bastante factible que sea así. 

¿Quién, en su sano juicio, puede creer que nuestro progreso es el adecuado después de 7.000 mil años de existencia?

Aunque la probabilidad de que encontremos vida extraterrestre sea remota, la posibilidad de que existan seres más desarrollados que nosotros es bastante grande.

Ahora bien, si ellos son más inteligentes ¿por qué aún no nos han encontrado? 

A partir de aquí existen varias teorías, una de ellas se basa en la paradoja de Fermi

“La creencia común de que el Universo posee numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente, combinada con nuestras observaciones que sugieren todo lo contrario, es paradójica, sugiriendo así que nuestro conocimiento o nuestras observaciones son defectuosas o incompletas”.

Es posible que existan otras civilizaciones más avanzadas y que seamos incapaces de reconocerlas, o bien que para ellos no seamos interesantes. 

Es bueno que hagamos esta autocrítica: si el ser humano hubiera hallado a otra civilización menos avanzada que la nuestra, por ejemplo en Marte, no quiero ni imaginar que hubiera sido de ellos.

Pero, pensemos ahora en que una especie más avanzada que la nuestra no nos invadiera como un planeta esclavo o una manada de animales a los que devorar.

«El fin de la infancia» parte desde ese punto:

El ser humano es tutelado por una especie más capacitada, más desarrollada, sin ánimo de conquista, que soluciona los problemas de un planeta que corre peligro por las continuas guerras que nos enfrentan.

Los Superseñores, como así los llama Clarke, son los extraterrestres que lideran el planeta Tierra con un objetivo que los seres humanos desconocen. 

Arthur C. Clarke es un autor de ciencia ficción que trata estos temas desde un punto didáctico y para ello se basa en su conocimientos científicos.

La novela nos enseña los viajes en el espacio y en el tiempo. Nos hace pensar que fuera de nuestro mundo hay otros muchos, nos hace evidenciar lo pequeño que somos, no solo en nuestro planeta, sino en la galaxia.

Expresa las inquietudes sociales, éticas y culturales ante un agente externo del que nada tienen que temer.

Y también muestra nuestro mayor valor: la capacidad de crear cosas hermosas relacionadas con el arte, o nuestra psicología como parte de una mente que aún desconocemos.

«El fin de la infancia» debe su título a una época en la que el hombre, tal y como lo conocemos, deja de serlo para convertirse en otra entidad.

Como epílogo a esta reseña podríamos argumentar que la raza humana nunca se dejaría invadir pacíficamente.

Cabe pensar que lucharíamos ante un agente externo, sin embargo qué razón tienen las palabras con las que comienza el capítulo seis:

“Un mundo y sus habitantes pueden ser transformados profundamente en solo cincuenta años, hasta tal punto que nadie pueda reconocerlos. Solo se requiere un hondo conocimiento de los sistemas sociales, una clara visión de los fines que uno se propone…y poder”.

Arthur C. Clarke.

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