Los propios dioses, Isaac Asimov.

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Los propios dioses.

Hace unas semanas se difundió en los medios de comunicación una alarma a nivel mundial: “El apagón”, el planeta corría el riesgo de quedarse sin energía eléctrica.

Varios países europeos alertaron de que era una posibilidad real que los productores de gas cortaran el grifo. 

Las crisis geopolíticas del norte de África y la restricción del servicio en el eje ruso alertaron a los países dependientes de fuentes energéticas.

Si el suministro de gas se cortaba ocurriría una reacción en cadena y la demanda no podría cubrirse. Austria alertó a su población de que debían estar preparados para un posible apagón. ¿Exagerado? Lo sabremos pronto.

Alguien hace tiempo me dijo que muchas personas pensaban que si hubiera una caída en el servicio de la red de internet el mundo se colapsaría, pero realmente esto ocurrirá cuando se produzca un apagón: sin energía no hay internet.

Es difícil imaginar un mundo sin electricidad, a oscuras.

Existen muchas fuentes de energía, entre ellas las de origen natural o ecológicas, como la hidráulica, eólica, solar o marítima; otras como la nuclear no deberían ser tan desdeñables hasta que todos progresemos a una producción más limpia e inteligente.

Hoy me desperté con una noticia realmente interesante: una persona había descubierto una forma de generar energía casera sin depender de ninguna fuente exterior, gratis.

El descubrimiento se trata de un áncora magnética que consigue mover una rueda gracias a una longitud de onda exacta de carga magnética.

¿Imaginan que fuera posible? No me refiero a que el hallazgo funcione, eso ya está probado; el propio inventor se ha ofrecido de forma altruista a todo el que lo quiera probar.

Tal vez existan demasiados intereses para que eventos de este tipo no salgan a la luz, es casi como descubrir que los coches pudieran moverse con energía solar; pero un momento, esto también parece bastante probable, ¿no creen?

Se perderían miles de puestos de trabajo, muchas industrias tendrían que desaparecer. El miedo al cambio es una de las trabas más importantes que el ser humano ha padecido desde siempre. Tal vez por eso estemos donde estamos.

“Contra la estupidez los propios dioses luchan en vano”. Es una cita del famoso dramaturgo alemán Friedrich Schiller.

Y ahora pasemos a hablar de “Los propios dioses”, de Isaac Asimov

Isaac Asimov tomó la premisa de Schiller para dar título a esta novela publicada en 1972.

«Los propios dioses» consta de tres partes: “Contra la estupidez”, “Los propios dioses” y “Luchan en vano”.

Supongamos un futuro donde el hombre descubra la forma de generar electricidad de forma infinita y gratis, pero que ello pueda ocasionar algún cataclismo. Volvemos a encontrarnos ante la estupidez de los seres humanos y su confrontación al proteger algo que es peligroso.

La novela nos muestra un mundo paralelo en el que existen otros entes que tienen cierta comunicación con nuestro planeta.

El hallazgo pone en riesgo el sistema solar y por tanto la supervivencia del ser humano, pero como ocurre en la realidad los beneficios son tan satisfactorios que un cambio no interesa a sus descubridores.

Los propios dioses consta de tres partes:

Primera parte: “Contra la estupidez”.

Lo que más me gustó fue la trama, esas confabulaciones entre los investigadores donde al final se busca el éxito como en cualquier orden de la vida, la competitividad, la fama por el descubrimiento.

Segunda parte de la novela: “los propios dioses”.

Asimov nos muestra ese otro mundo formado por una especie de alienígenas, los Duros, al ser físicamente corpóreos son los únicos que poseen acceso a la tecnología y ofrecen el invento, la comida. Deciden convertir nuestro sol en una supernova para obtener más alimento y garantizar su supervivencia.

Tercera parte: “¿Luchan en vano?”.

Se desarrolla en la luna. Sus habitantes dependientes del poder de las terrícolas encuentran una solución al problema que pone en riesgo la supervivencia de la humanidad.

De esta parte lo que más me gustó fue la relación entre el terrícola y la selenita, cómo ella le enseñaba a moverse bajo la gravedad lunar.

Asimov quería mostrar la debilidad del ser humano en su evolución.

Los descubrimientos hacen de nuestro planeta un mundo peligroso que aceptamos en nuestra visión cortoplacista. Somos una especie demasiado pequeña, absurda para entender que el progreso va más allá de nuestra existencia. El egoísmo nos arrastra en detrimento de nuestros descendientes.

¿A quién le importa que nuestros tataranietos mueran de inanición por un cataclismo provocado cuando nosotros ya no estemos para verlo?

Novela de ciencia ficción basada en hechos futuros que se repiten con otras formas desde hace muchos años

Estamos pues ante una novela de ciencia ficción basada en hechos futuros que se repiten con otras formas desde hace muchos años, tantos que Friedrich Schiller ya hablaba de ellos cuando ni siquiera existía la electricidad y tal vez escribiera sus novelas bajo la luz de una vela.

Su premisa sigue estando vigente: “Contra la estupidez los propios dioses luchan en vano”.

¿Te gustan las novelas de ciencia ficción?


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Un comentario en “Los propios dioses, Isaac Asimov.”

  1. No sé si fueron los Dioses los que hicieron al hombre tan tonto como para tropezar siempre con la misma piedra, pero está claro que una vez más la ficción ha funcionado como oráculo del futuro. Igual deberíamos hacerles más caso a estos textos futuristas. ¡llámame loca!

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