La mano izquierda de la oscuridad. Ursula K. Le Guin.

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Unos meses antes de que el hombre llegara a la luna, Ursula K. Le Guin se encaminaba en la conquista del espacio.

En «La mano izquierda de la oscuridad» los viajes a la luna deberían ser paseos de unos minutos o segundos. 

La novela nos plantea el futuro de la humanidad bajo una gran conferencia: Ekumen o federación galáctica de mundos habitados por seres humanos.

El enviado, como así nombran a Genry Ai, personaje principal de la novela, llega al planeta Gueden para ofrecerles la alianza.

Supongamos pues, que has comprado la novela recién publicada, allá por marzo de 1969 y en los noticieros hablan de los preparativos para que una nave estadounidense aterrice en la luna. 

Una vez te adentres en las capacidades que nos muestra «La mano izquierda de la oscuridad» es bastante posible que el viaje a la luna te parezca poco atractivo.

Bueno…, es cierto que estamos hablando de ciencia ficción y el viaje del Apolo 11 fue una realidad.

Pero debemos valorar la obra desde este punto de vista: la conquista de otros mundos que nos propone Le Guin se publicó cuando aun el hombre daba sus primeros pasos por el espacio. No en vano la novela ganó el premio Nébula ese año y el premio Hugo al año siguiente.

«La mano izquierda de la oscuridad» nos lleva por mundos humanos desconocidos, con organizaciones y formas de entender la vida diferentes.

El sentido de todo ello es hacer entender al lector que las diferencias entre sexos son las causantes de las guerras y los conflictos.

Imaginemos un planeta que no conoce la palabra «guerra», o una sociedad que no distingue sexos.

Imaginemos seres andróginos, sin sexo determinado, que pudieran procrear durante unos determinados días del mes (Kémmer) y que el resto del tiempo carecieran de esta motivación. 

Podrías ser padre o madre de descendientes en el sentido de haber parido a algunos de tus hijos y a otros no.

El Kémmer sería similar a la época de celo en los animales de naturaleza terrestre, y que un hombre/mujer estuviera siempre dispuesto a reproducirse (o dicho de otra manera siempre estuviera en época de celo) podría ser extraño.

Sin embargo el mensaje esencial de «La mano izquierda de la oscuridad» es dar a conocer al ser humano (el guedeano) sin diferencias raciales o sociales desde una sexualidad que no les determina.

Debemos pues valorar la novela como la innovación a un pensamiento que no distingue a las personas por su sexualidad, donde las condiciones para una guerra no se entenderían.

Es sin duda una idea antropológica.

Pronosticar que nuestro destino hubiera sido muy distinto si el mando o gobernación no lo hubiera ostentado el sexo masculino es la idea principal de mi primera novela: «Serendipias».

El mundo de Gueden es duro y frío, y sus habitantes son sobrios y reacios a cualquier cambio.

Ursula K. Le Guin creó todo un calendario distinto, desde los días a los meses, así como los solsticios o las diferentes horas del día. Toda una cronología propia para esta novela.

En la edición de bolsillo esta cronología figura al final del libro, véase con detalle la nomenclatura para entender mejor el texto.

Pero, ¿no seríamos también reacios, nosotros los terrícolas, si alguien nos dijera que somos un planeta más entre otros ochenta? 

Sobre todo si el mensajero fuera una visitante con una tecnología más avanzada que la nuestra.

Sinceramente, creo que los terrícolas encarcelaríamos al emisario y tomándolo como enemigo por la simple razón de que es desconocido.

Es otro de los mensajes que Le Guin quiere trasladar con esta novela: la unión de mundos en su diversidad.

La novela tiene algunos relatos contados como historias de aquel mundo que sirven de proclama o enseñanza, no exentos de la sutileza sobre los temas que se quieren abordar.

De entre sus pasajes, creo que este resume la belleza y el mensaje de «La mano izquierda de la oscuridad»:

“Faxe me miraba con ojos claros, cándidos, amables, y me miraba desde la tradición de trece mil años de edad: un modo de pensar y modo de vivir tan antiguo, tan firme, íntegro y coherente que daba a un ser humano la capacidad de olvidarse de sí mismo, (…)

Dijo con voz tranquila —La ignorancia es el campo del pensamiento. Lo indemostrable es el campo de la acción. (…)

¿Qué hay de cierto en este mundo predecible, inevitable, lo único cierto que se sabe del futuro de usted, y del mío?

—Que moriremos.

—Sí. Solo una pregunta tiene respuesta, y ya la conocemos…La vida es posible sólo a causa de esa permanente e intolerable incertidumbre: no conocer lo que vendrá”.

Ursula K. Le Guin.

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